Acá estamos, ya instalados en Bolivia, y recién levantados después de una siesta reparadora. Ayer y hoy tuvimos un traqueteo importante.
Recapitulando, los habíamos dejado en Cachi, pueblo apacible en el que aprovechamos para descansar y recargar las pilas. Lo único frustrante fue que no pudimos hacer una excursión a Las Pailas, unas ruinas que están a 16 km del pueblo, así que la falta de vehículo nos limitó a todo lo que podía hacerse a pie: visitar el museo arqueológico, la iglesia, el cementerio; apreciar la vista desde los diversos miradores, y visitar el sitio arqueológico "El tero", el cual tiene más buena voluntad que ruinas propiamente dichas, y que no nos sorprende demasiado después de haber visitado las ruinas de Quilmes (Tucumán), el Pucará de Tilcara (Jujuy) o el Shinkal (Catamarca).
Ayer hicimos tiempo después de desocupar la habitación, comimos de almuerzo unas riquísimas empanadas caseras (algo que nunca falla en esa zona), y a las 14 hs salimos de Cachi rumbo a Salta capital, con el mismo remissero que a la ida (Remises El Milagro, una empresa que sale más barata que los destruidos micros de Marcos Rueda). Esta vez fue un poco más rápido y se sintieron más las curvas, así que al llegar estábamos un poco "boleados" por la diferencia de altura, el horario (ya hacía calor), y el bamboleo del auto.
Llegamos sanos y salvos a la terminal de ómnibus de Salta a eso de las 17.30 hs, y teníamos que hacer tiempo nuevamente porque, por alguna misteriosa razón, todos los ómnibus a Pocitos/Aguas Blancas (uno de los límites internacionales con Bolivia, cruzando el río Bermejo por la provincia de Salta) salían a la madrugada: 0.30, 1.00, 2.00 hs. Sacamos pasaje para el que más temprano salía y dejamos las mochilas en la guardería de la terminal, para no andar acarreándolas. Además, nos comimos un buen tostado de jamón y queso con yogur bebible (ella) o cortadito (él).
En Salta fuimos a la plaza a hacer tiempo, y después paseamos un poco por la calle Balcarce, cerca de la vieja estación de tren, donde se arma un paseo de artesanos y además hay restaurantes, boliches y bares que recuerdan, muy remotamente, algunas partes de Plaza Serrano, en Palermo. Pero la realidad es que estábamos tan cansados que ninguna de las artesanías nos llamó demasiado la atención.
Aprovechamos la proliferación de restaurantes y las bondades de tener tarjeta de débito para comer una rica cena antes de enfilar nuevamente para la terminal. El micro, de empresa Balut, salió con cierto retraso (supuestamente estuvo casi una hora "cargando gasoil"), pero finalmente el semicama resultó ser muy cómodo, así que apoliyamos sin problema.
Pasamos por Orán y llegamos a la frontera con Bolivia a las 6:30 de la matina, y comprendimos el por qué del horario: a esa hora no hace calor y está todo súper tranquilo, así que realmente el trámite para ingresar al hermano país fue muy rápido. La verdad es que la decisión de venir por Aguas Blancas-Bermejo fue acertada, porque seguramente en Salvador Mazza-Yacuiba iba a haber mucha más gente. Una vez que cruzamos a pie el puente que divide Argentina con Bolivia, fuimos a la terminal de Bermejo y ya nos habían recomendado tomarnos un remisse compartido para venir a Tarija en lugar de esperar el micro. Así que eso hicimos, era un auto muy cómodo y moderno, con 3 filas de asientos, y ahí viajamos lo más bien. Nos costó unos $70 argentinos por los dos (con pesos bolivianos sale más barato, 50 Bs. por persona) y el viaje duró unas tres horas. Además, gracias a Evo, la ruta hacia Tarija está excelente, toda asfaltada, con nuevos puentes y unos túneles impresionantes que atraviesan la montaña. Da un poco de miedito observar el camino antiguo y los viejos puentes y pensar lo que sería, hace algunos años, transitar esa ruta de un solo carril de ripio y caminos de cornisa.
El paisaje del recorrido es espectacular, comienza tropical y se va transformando en sierra. Además, en buena parte del camino teníamos a la mano izquierda territorio argentino, más específicamente el parque nacional Baritú, que según nos dijo el chofer, es muy lindo (quizás porque es uno de los parques más inaccesibles de todo el país).
El camino era bastante sinuoso, tipo Cachi-Salta, pero por suerte la cena ya había sido digerida correctamente y tuvimos la perspicacia de no tomar desayuno, así que no sufrimos contratiempos digestivos (no podemos decir lo mismo de la señora que iba en el asiento de atrás, quien se había venido desde ¡USHUAIA! No era para menos...)
Llegamos a Tarija y realmente nos impresionó muy bien: es una ciudad moderna que conserva algunas edificaciones antiguas, porque fue fundada en el s. XVI. Realmente no tiene nada que ver con la otra mitad de Bolivia que conocimos allá por 2002. La gente es muy extrovertida y conversadora, e incluso las cholas usan pollera a la rodilla, ¿qué tal? Pero la mayoría de la gente se viste con ropa moderna, y muchos podrían pasar tranquilamente por argentinos. No resulta fácil distinguir a los salteños de los bolivianos de esta región.
Fuimos a la oficina de Turismo y allí nos consiguieron un buen alojamiento en zona céntrica y con baño privado. Eso sí, los precios ya no parecen ser los de antes, están bastante parecidos a los de Argentina, al menos en cuanto a alojamiento (la doble con baño privado, (mini)TV y desayuno incluido en el residencial Zevallos de la calle Sucre está 170 pesos bolivianos: unos $106 argentinos aproxiamadamente). Por suerte, el traer dólares nos favorece mucho en cuanto al cambio, porque el peso argentino lo cambian bastante mal (como suele ocurrir).
En comida Bolivia sí sigue siendo muy barata; por ejemplo, hoy almorzamos los dos por $20, ¿adivinen qué cosa? Milanesa a la napolitana con papas fritas y arroz. Lo más increíble del asunto es que la carne estaba riquísima, muy tierna... ¿cuál será el secreto?? Hay cosas que es mejor no saber. Por si fuera poco, el restaurant contaba con un moderno "salad bar" gratis.
Otra cosa que nos llamó mucho la atención fue que, después de dejar la parte selvática, llegamos a un llano más seco y árido donde hay viña y, aunque no lo crean, esta región tiene una producción bastante importante de vinos. Existe, incluso, una "ruta del vino y del singani" (un aguardiente de uva similar a la grapa o el pisco) tarijeña, que quizás algún día haga temblar a Mendoza, San Juan y Cafayate, ¿quién sabe?
Justamente tenemos pensado (o Vic, al menos) comprobar empíricamente y con un muy serio estudio de campo si la calidad de los vinos tarijeños es tan buena como dicen. Nos quedaremos tres noches en Tarija, y queremos recorrer San Lorenzo, un pueblito pintoresco que tiene su bodega para visitar, y alguno de los balnearios que hay en la zona, que al parecer también prometen ser buenos para refrescarse, aunque a decir verdad no hace demasiado calor.
El tiempo es ordenado, como el de Cachi: llegamos con sol, después se amontonaron nubes y llovió a la tarde, así que ahora la tardecita está fresca.
Nuestro plan es continuar el jueves hacia Sucre, una ciudad colonial que promete, y de la que todos nos hablaron muy bien, y de ahí seguir dando la vuelta en el sentido de las agujas del reloj, pasando por Cochabamba y Santa Cruz de la Sierra, culminando el recorrido con los pueblitos de la Chiquitanía, en el este u "Oriente" boliviano. Es la zona de las misiones jesuíticas, así que, si vieron la película "La misión" (con música del programa de Mariano Grondona), sabrán de qué estamos hablando.
lunes, 9 de enero de 2012
viernes, 6 de enero de 2012
Salta y Bolivia/1 Desde Cachi, disfrutando de la tranquilidad
Estamos escibiendo desde Cachi. Llegamos ayer y nos gustó tanto el pueblo que decidimos quedarnos tres noches acá.
Recapitulando, salimos el miércoles 4 de enero de Aeroparque hacia Salta, aunque parece haber pasado mucho más tiempo. Estamos tan desacostumbrados a viajar en avión que nos parecía increíble haber llegado tan rápido a Salta “la linda”, como la llaman.
Habíamos visitado la ciudad de Salta en nuestro viaje al noroeste argentino, allá por 2006, así que no teníamos tanto para ver ni conocer esta vez. Compartimos un remisse desde el aeropuerto con una señora y su hija, y nos instalamos en un hostal llamado “Condor Pass” (sic) que está muy bien ubicado.
Nos chocó bastante el notorio aumento de precios del alojamiento en el norte argentino de 2006 a esta parte. Con esto queremos decir que, si bien somos concientes de que todo aumentó, era bastante duro comprobar que un hostel medio pelo que solía costar $40 la doble, ahora se cotiza a $140 con baño compartido, y $180 con baño privado. Terminamos yendo a uno que estaba bastante bien, por $150 la doble con baño privado.
También nos llamó la atención el tema de los costos de los ómnibus de media y larga distancia. ¡Para venir a Cachi nos resultó más barato tomarnos un remisse que un micro bastante rotoso! Y en el remisse viajamos bárbaro.
En Salta aprovechamos para ir al Teleférico, que era una de las pocas cosas que no habíamos podido conocer porque indefectiblemente llovió todos los santos días que estuvimos allí, y no tenía sentido subir a la cima de un cerro para ver un montón de nubes en lugar de la ciudad de Salta.
Así que nos desquitamos e hicimos el paseo. La verdad es que valió la pena, porque arriba del cerro al que te sube el teleférico hay un parque muy lindo con cascadas y todo, es como para quedarse a hacer un pic nic o tomar mate. No sabemos bien por qué, había un montón de chicos y adolescentes que parecían pertenecer a un ballet folklórico, porque estaban todos con sus trajes de gauchos y chinas, sacándose fotos artísticas, era muy pintoresco.
Para no faltar a la costumbre, ni bien bajamos del teleférico se largó un chaparrón de novela y nos empapamos. Por suerte, luego de un rato, conseguimos un taxi en la terminal que está cerca de allí y fuimos a nuestro hostel, previo paso por una rotisería. Lo que sí sigue siendo barato es la comida, porque compramos una porción de pollo con puré y una milanesa con fritas y todo nos costó $23!!! Así que lo degustamos con mucha alegría en el hostel.
Al día siguiente teníamos contratado el remisse que nos pasó a buscar a las 9 para venir a Cachi. Manejaba un chico joven e íbamos con otra chica joven, ambos originarios de Cachi, así que estuvimos charlando de todo un poco. El camino está casi todo asfaltado y es lindísimo, porque va subiendo por las montañas hasta la Cuesta del Obispo y llega a una altura de unos 3.300 metros s.n.m. donde hay una vista espectacular. Luego, desde allí hay una bajada por una planicie que se llama la "Recta del Tin Tin" y atraviesa el Parque Nacional Los Cardones para llegar finalmente a Cachi.
Aquí, luego de buscar bastante, porque también los precios del alojamiento eran caros, conseguimos una habitación con baño privado en un residencial por $100, con TV y todo, ¿qué tal? Al lado y en la esquina hay dos comedores donde sirven una comida casera riquísima y a buen precio, que ya estuvimos degustando.
A mí (Vic), tal como me pasó con el viaje de 2006, me vinieron muchos recuerdos de aquel viaje al norte que hicimos en familia hace como 15 años atrás. Recordaba particularmente la iglesia de Cachi, que está identica excepto porque antes era blanco y ahora la pintaron de amarillo. También recuerdo que una tarde de calor salimos a caminar y llegamos al cementerio del pueblo; por más que esto suene tétrico, como está ubicado arriba de una loma, tenés una vista espectacular del pueblo y de la región donde está ubicado. Con Sofi hicimos exactamente lo mismo el día de nuestra llegada (ayer, aunque parece hace más tiempo), y sacamos muchas fotos.
Además, recorrimos un poco el pueblo, que parece haber crecido desde la época en la que vino la flia. Costantini, pero que todavía conserva su encanto en las calles de piedra y ripio, las casas antiguas y las esquinas sin ochava. Nos venían recuerdos de otros pueblos, similares y a la vez distintos, que conocimos en el resto del norte argentino: San Carlos e Iruya (Salta), Humahuaca y Purmamarca (Jujuy).
Acá el tiempo tampoco nos acompaña demasiado porque, en un pueblo donde no es común la lluvia, a la tarde se empiezan a juntar nubes y llueve. Ayer estuvo lloviendo toda la tarde y a la noche también; y hoy, otro tanto, porque acaba de empezar la lluviecita. Hay que decir que, por lo menos, es prolijo y te deja la mañana libre.
Estamos viendo cómo organizar nuestro recorrido, porque se nos pinchó nuestra opción más fuerte, que era trasladarnos al límite entre Salta y Bolivia, que reúne los pueblos de Salvador Mazza, Pocitos y Yacuiba, pero nos desalentó el hecho de que el tren que queríamos tomar, de Yacuiba a Santa Cruz de la Sierra, sale únicamente los viernes (es decir: hoy). También consideramos la posibilidad de tomar un ómnibus directo de Salta a Santa Cruz de la Sierra, pero nos espantamos e indignamos al enterarnos de que éste cuesta ¡$680 por persona! Es decir, más caro que lo que nos salió el avión de Bs.As. a Salta.
Así que revisando nuestra guía de viaje, haciendo llamadas y buscando información en Internet, llegamos a la conclusión de que nuestro mejor "plan B" es dirigirnos a la ciudad de Tarija (Bolivia), que dicen que es muy linda, a través de la frontera Aguas Blancas-Bermejo, que cruza el río homónimo. Desde ahí tenemos que ver si la mejor opción es ir hacia Sucre y luego Cochabamba y Santa Cruz, o si lo mejor es respetar la idea inicial e ir de Tarija a Santa Cruz y luego Cochabamba y Sucre. Veremos.
El domingo salimos de acá hacia Salta para hacer la conexión hacia Bolivia. Al parecer tendremos algunas horas libres entre un viaje y otro para seguir paseando por "La linda" antes de salir hacia el límite del norte argentino (o del sur boliviano).
Recapitulando, salimos el miércoles 4 de enero de Aeroparque hacia Salta, aunque parece haber pasado mucho más tiempo. Estamos tan desacostumbrados a viajar en avión que nos parecía increíble haber llegado tan rápido a Salta “la linda”, como la llaman.
Habíamos visitado la ciudad de Salta en nuestro viaje al noroeste argentino, allá por 2006, así que no teníamos tanto para ver ni conocer esta vez. Compartimos un remisse desde el aeropuerto con una señora y su hija, y nos instalamos en un hostal llamado “Condor Pass” (sic) que está muy bien ubicado.
Nos chocó bastante el notorio aumento de precios del alojamiento en el norte argentino de 2006 a esta parte. Con esto queremos decir que, si bien somos concientes de que todo aumentó, era bastante duro comprobar que un hostel medio pelo que solía costar $40 la doble, ahora se cotiza a $140 con baño compartido, y $180 con baño privado. Terminamos yendo a uno que estaba bastante bien, por $150 la doble con baño privado.
También nos llamó la atención el tema de los costos de los ómnibus de media y larga distancia. ¡Para venir a Cachi nos resultó más barato tomarnos un remisse que un micro bastante rotoso! Y en el remisse viajamos bárbaro.
En Salta aprovechamos para ir al Teleférico, que era una de las pocas cosas que no habíamos podido conocer porque indefectiblemente llovió todos los santos días que estuvimos allí, y no tenía sentido subir a la cima de un cerro para ver un montón de nubes en lugar de la ciudad de Salta.
Así que nos desquitamos e hicimos el paseo. La verdad es que valió la pena, porque arriba del cerro al que te sube el teleférico hay un parque muy lindo con cascadas y todo, es como para quedarse a hacer un pic nic o tomar mate. No sabemos bien por qué, había un montón de chicos y adolescentes que parecían pertenecer a un ballet folklórico, porque estaban todos con sus trajes de gauchos y chinas, sacándose fotos artísticas, era muy pintoresco.
Para no faltar a la costumbre, ni bien bajamos del teleférico se largó un chaparrón de novela y nos empapamos. Por suerte, luego de un rato, conseguimos un taxi en la terminal que está cerca de allí y fuimos a nuestro hostel, previo paso por una rotisería. Lo que sí sigue siendo barato es la comida, porque compramos una porción de pollo con puré y una milanesa con fritas y todo nos costó $23!!! Así que lo degustamos con mucha alegría en el hostel.
Al día siguiente teníamos contratado el remisse que nos pasó a buscar a las 9 para venir a Cachi. Manejaba un chico joven e íbamos con otra chica joven, ambos originarios de Cachi, así que estuvimos charlando de todo un poco. El camino está casi todo asfaltado y es lindísimo, porque va subiendo por las montañas hasta la Cuesta del Obispo y llega a una altura de unos 3.300 metros s.n.m. donde hay una vista espectacular. Luego, desde allí hay una bajada por una planicie que se llama la "Recta del Tin Tin" y atraviesa el Parque Nacional Los Cardones para llegar finalmente a Cachi.
Aquí, luego de buscar bastante, porque también los precios del alojamiento eran caros, conseguimos una habitación con baño privado en un residencial por $100, con TV y todo, ¿qué tal? Al lado y en la esquina hay dos comedores donde sirven una comida casera riquísima y a buen precio, que ya estuvimos degustando.
A mí (Vic), tal como me pasó con el viaje de 2006, me vinieron muchos recuerdos de aquel viaje al norte que hicimos en familia hace como 15 años atrás. Recordaba particularmente la iglesia de Cachi, que está identica excepto porque antes era blanco y ahora la pintaron de amarillo. También recuerdo que una tarde de calor salimos a caminar y llegamos al cementerio del pueblo; por más que esto suene tétrico, como está ubicado arriba de una loma, tenés una vista espectacular del pueblo y de la región donde está ubicado. Con Sofi hicimos exactamente lo mismo el día de nuestra llegada (ayer, aunque parece hace más tiempo), y sacamos muchas fotos.
Además, recorrimos un poco el pueblo, que parece haber crecido desde la época en la que vino la flia. Costantini, pero que todavía conserva su encanto en las calles de piedra y ripio, las casas antiguas y las esquinas sin ochava. Nos venían recuerdos de otros pueblos, similares y a la vez distintos, que conocimos en el resto del norte argentino: San Carlos e Iruya (Salta), Humahuaca y Purmamarca (Jujuy).
Acá el tiempo tampoco nos acompaña demasiado porque, en un pueblo donde no es común la lluvia, a la tarde se empiezan a juntar nubes y llueve. Ayer estuvo lloviendo toda la tarde y a la noche también; y hoy, otro tanto, porque acaba de empezar la lluviecita. Hay que decir que, por lo menos, es prolijo y te deja la mañana libre.
Estamos viendo cómo organizar nuestro recorrido, porque se nos pinchó nuestra opción más fuerte, que era trasladarnos al límite entre Salta y Bolivia, que reúne los pueblos de Salvador Mazza, Pocitos y Yacuiba, pero nos desalentó el hecho de que el tren que queríamos tomar, de Yacuiba a Santa Cruz de la Sierra, sale únicamente los viernes (es decir: hoy). También consideramos la posibilidad de tomar un ómnibus directo de Salta a Santa Cruz de la Sierra, pero nos espantamos e indignamos al enterarnos de que éste cuesta ¡$680 por persona! Es decir, más caro que lo que nos salió el avión de Bs.As. a Salta.
Así que revisando nuestra guía de viaje, haciendo llamadas y buscando información en Internet, llegamos a la conclusión de que nuestro mejor "plan B" es dirigirnos a la ciudad de Tarija (Bolivia), que dicen que es muy linda, a través de la frontera Aguas Blancas-Bermejo, que cruza el río homónimo. Desde ahí tenemos que ver si la mejor opción es ir hacia Sucre y luego Cochabamba y Santa Cruz, o si lo mejor es respetar la idea inicial e ir de Tarija a Santa Cruz y luego Cochabamba y Sucre. Veremos.
El domingo salimos de acá hacia Salta para hacer la conexión hacia Bolivia. Al parecer tendremos algunas horas libres entre un viaje y otro para seguir paseando por "La linda" antes de salir hacia el límite del norte argentino (o del sur boliviano).
sábado, 30 de abril de 2011
Ecuador 2011 /5 Puerto López y la Isla de la Plata: Desde la "Galápagos del pobre", con inminente retorno
Anoche hicimos por Internet el check-in de nuestro vuelo de LAN Guayaquil-Buenos Aires. Estaremos saliendo de acá a las 23:30 hs del día de hoy (1:30 AM del domingo hora argentina), vuelo 1447, y el avión llega a las 9.30 (hora argentina).
Ayer hicimos la excursión de todo el día a la Isla de la Plata, conocida por acá como "la Galápagos del pobre", porque tiene una fauna parecida a la de las famosas islas: fragatas, piqueros de patas
azules, piqueros de Nazca, tortugas marinas, peces de colores, un lobito marino que no se dejó ver... Por supuesto, faltaron las tortugas gigantes y las iguanas prehistóricas y quién sabe cuántos bichos más, pero, como diría Renée, la mamá de Sofi, "por 64 dólares en vez de U$S 800, ¿qué querés?".
Salimos del hostal a las 9:30 y pasamos a buscar con nuestro guía a una señora japonesa llamada Yoko (no era Ono) y a una señora alemana llamada Erika, que tenía como 70 años pero estaba en mejor estado físico que todos nosotros juntos. Luego se nos unieron dos argentinos bastante amargos, tres chicas norteamericanas, una pareja joven de franceses y una familia inglesa, así que la excursión fue muy cosmopolita. Viajamos una hora en una lancha a todo lo que da, que se bamboleaba tanto que temíamos ser despedidos fuera de borda en cualquier momento, o al menos despedir el contenido de nuestros estómagos. Los guías iban lo más campantes como si estuvieran en un colectivo. La hijita de los ingleses, Josie, que tendría unos 10 años, iba pálida, casi la perdemos.
Llegamos y caminamos hasta un punto donde estaba la posibilidad de hacer dos senderos, uno más fácil y otro más difícil, y con posibilidades de ver distintas clases de aves en cada uno. Nos dividimos en dos grupos y nosotros fuimos por el más difícil con la alemana Erika y los franceses. La verdad es que no era nada difícil el sendero y vimos muchos piqueros de patas azules, machos y hembras, una hembra empollando huevos y con un pichón, y también piqueros jóvenes que aún no tienen patas azules. Lo bueno era que los pájaros estaban re cerca nuestro y no se asustaban para nada, así que podíamos estar junto a ellos y, quienes tenían la buena suerte de tener cámara, sacarles fotos. También vimos piqueros de Nazca o "de antifaz", porque tienen en los ojos una franja negra. Son muy lindos y muy graciosos y tampoco se asustaban de nosotros. Al lobito marino no lo vimos, el guía nos dijo que se veían sus huellas en la arena, pero eso nos resultó bastante dudoso...
Erika, la alemana, se solidarizó con nosotros y nos sacó varias fotos, así que esperamos que pueda enviárnoslas por mail. A ella también le robaron, pero en Quito, en la ciudad vieja; la agarraron del cuello y la amenazaron con un cuchillo (por alguna razón, nos resulta familiar). Le robaron 100 dólares y la cámara de fotos con todas las fotos de Galápagos, porque acababa de volver de allí. Luego se compró otra cámara (las bondades de tener euros) y entonces sacaba fotos todo el tiempo para compensar las perdidas.
Después de la caminata, y al encontrarnos con la otra mitad del grupo, constatamos que los senderos no habían sido muy diferentes. Ellos vieron otro tipo de pájaros que se llaman fragatas, son negros y los machos tienen un buche rojo que inflan para atraer a las hembras. Otro dato curioso es que, cuando están volando, la forma de las alas de las fragatas les hace asemejarse a pájaros prehistóricos o pterodáctilos. Nos enteramos por el blog de Carina Baskett, una alumna estadounidense de Vicente que tiene la suerte de viajar por el mundo y que le paguen por ello, que son bastante torpes en tierra y por lo tanto necesitan tirarse de un lugar elevado para poder volar. Por eso casi siempre lo que comen lo pescan al vuelo.
Después de la caminata nos subimos al barco y nos dieron frutas y unos sándwiches, y sin solución de continuidad nos dieron visores y snorkels para que viéramos los corales y pececitos de colores que había allí. Estaba nublado y el agua bastante fría, pero tomamos coraje y nos tiramos al agua. Vimos los peces tipo Nemo (peces payaso, o al menos eran parecidos), muy lindos, otros más chiquitos y también corales. Cerca del barco pasó también una tortuga marina, impresionante.
Después de eso, ya nos volvimos para Puerto López, en un nuevo viaje a todo vapor. Para distraerme y evitar marearme, yo (Vic) me puse a hablar con un yanqui que se había sumado al barco porque volvía a Puerto López después de estar como voluntario en la isla muchas semanas, haciendo censos de aves.
Por suerte la gente del hostal nos deja hacer "late check-out", así que disfrutaremos de la playa hasta el mediodía, almorzaremos ceviche, pescado o algún marisco, después nos bañaremos y saldremos hacia Guayaquil (o, como dicen acá, "Guaia-quil") para tomar nuestro avión.
Gracias a todos los que siguieron estas mini-aventuras de cerca, y sobre todo gracias por el apoyo (moral y económico) que permitió que terminemos bien nuestras vacaciones. Esperamos con ansias el asado del papá de Sofi del domingo.
Ayer hicimos la excursión de todo el día a la Isla de la Plata, conocida por acá como "la Galápagos del pobre", porque tiene una fauna parecida a la de las famosas islas: fragatas, piqueros de patas
azules, piqueros de Nazca, tortugas marinas, peces de colores, un lobito marino que no se dejó ver... Por supuesto, faltaron las tortugas gigantes y las iguanas prehistóricas y quién sabe cuántos bichos más, pero, como diría Renée, la mamá de Sofi, "por 64 dólares en vez de U$S 800, ¿qué querés?".
Salimos del hostal a las 9:30 y pasamos a buscar con nuestro guía a una señora japonesa llamada Yoko (no era Ono) y a una señora alemana llamada Erika, que tenía como 70 años pero estaba en mejor estado físico que todos nosotros juntos. Luego se nos unieron dos argentinos bastante amargos, tres chicas norteamericanas, una pareja joven de franceses y una familia inglesa, así que la excursión fue muy cosmopolita. Viajamos una hora en una lancha a todo lo que da, que se bamboleaba tanto que temíamos ser despedidos fuera de borda en cualquier momento, o al menos despedir el contenido de nuestros estómagos. Los guías iban lo más campantes como si estuvieran en un colectivo. La hijita de los ingleses, Josie, que tendría unos 10 años, iba pálida, casi la perdemos.
Llegamos y caminamos hasta un punto donde estaba la posibilidad de hacer dos senderos, uno más fácil y otro más difícil, y con posibilidades de ver distintas clases de aves en cada uno. Nos dividimos en dos grupos y nosotros fuimos por el más difícil con la alemana Erika y los franceses. La verdad es que no era nada difícil el sendero y vimos muchos piqueros de patas azules, machos y hembras, una hembra empollando huevos y con un pichón, y también piqueros jóvenes que aún no tienen patas azules. Lo bueno era que los pájaros estaban re cerca nuestro y no se asustaban para nada, así que podíamos estar junto a ellos y, quienes tenían la buena suerte de tener cámara, sacarles fotos. También vimos piqueros de Nazca o "de antifaz", porque tienen en los ojos una franja negra. Son muy lindos y muy graciosos y tampoco se asustaban de nosotros. Al lobito marino no lo vimos, el guía nos dijo que se veían sus huellas en la arena, pero eso nos resultó bastante dudoso...
Erika, la alemana, se solidarizó con nosotros y nos sacó varias fotos, así que esperamos que pueda enviárnoslas por mail. A ella también le robaron, pero en Quito, en la ciudad vieja; la agarraron del cuello y la amenazaron con un cuchillo (por alguna razón, nos resulta familiar). Le robaron 100 dólares y la cámara de fotos con todas las fotos de Galápagos, porque acababa de volver de allí. Luego se compró otra cámara (las bondades de tener euros) y entonces sacaba fotos todo el tiempo para compensar las perdidas.
Después de la caminata, y al encontrarnos con la otra mitad del grupo, constatamos que los senderos no habían sido muy diferentes. Ellos vieron otro tipo de pájaros que se llaman fragatas, son negros y los machos tienen un buche rojo que inflan para atraer a las hembras. Otro dato curioso es que, cuando están volando, la forma de las alas de las fragatas les hace asemejarse a pájaros prehistóricos o pterodáctilos. Nos enteramos por el blog de Carina Baskett, una alumna estadounidense de Vicente que tiene la suerte de viajar por el mundo y que le paguen por ello, que son bastante torpes en tierra y por lo tanto necesitan tirarse de un lugar elevado para poder volar. Por eso casi siempre lo que comen lo pescan al vuelo.
Después de la caminata nos subimos al barco y nos dieron frutas y unos sándwiches, y sin solución de continuidad nos dieron visores y snorkels para que viéramos los corales y pececitos de colores que había allí. Estaba nublado y el agua bastante fría, pero tomamos coraje y nos tiramos al agua. Vimos los peces tipo Nemo (peces payaso, o al menos eran parecidos), muy lindos, otros más chiquitos y también corales. Cerca del barco pasó también una tortuga marina, impresionante.
Después de eso, ya nos volvimos para Puerto López, en un nuevo viaje a todo vapor. Para distraerme y evitar marearme, yo (Vic) me puse a hablar con un yanqui que se había sumado al barco porque volvía a Puerto López después de estar como voluntario en la isla muchas semanas, haciendo censos de aves.
Por suerte la gente del hostal nos deja hacer "late check-out", así que disfrutaremos de la playa hasta el mediodía, almorzaremos ceviche, pescado o algún marisco, después nos bañaremos y saldremos hacia Guayaquil (o, como dicen acá, "Guaia-quil") para tomar nuestro avión.
Gracias a todos los que siguieron estas mini-aventuras de cerca, y sobre todo gracias por el apoyo (moral y económico) que permitió que terminemos bien nuestras vacaciones. Esperamos con ansias el asado del papá de Sofi del domingo.
jueves, 28 de abril de 2011
Ecuador 2011/4 Quemados y tomando batido de maracuyá en Puerto López, como debe ser
¡Bueno! Finalmente, después de tanto tramiterío, podemos decir que hemos disfrutado de un día de playa como Dios manda.
Ayer (miércoles 27) estuvimos todo el día con el tema de los pasaportes. En el consulado estuvieron bárbaro, hasta nos recibió el cónsul en persona y nos hicieron los pasaportes provisorios en el día. No sé si ya lo dijimos, pero Guayaquil es probablemente una de las cosas más feas de Ecuador (después de los robos a cuchillo): una ciudad enorme, calurosa, húmeda, en la que es imposible entender cómo funcionan los buses, los taxistas te estafan porque nunca usan el taxímetro y, para peor, la gente que vive ahí no conoce las calles ni te sabe decir cómo llegar de un lado a otro.
Más allá de esto, impactan los contrastes, es como una especie de Pilar gigante: puro shopping, autopistas, puentes, barrios cerrados y hasta cementerios privados. La impresión se hace más fuerte al ver la pobreza de los alrededores.
Por suerte, ayer nos fuimos de Guayaquil habiendo completado el tramiterío, y nos tomamos el primer bus disponible a Puerto López, provincia de Manabí. Llegamos a eso de las 9 de la noche y fuimos directo a un hostal del que teníamos buenas referencias. Es lindísimo, con un jardín tropical exhuberante, cómodo, y además hoy nos dieron un desayuno bárbaro. La gente es muy amable (como en todo Ecuador), y parece que acá no hay problemas de seguridad y se puede circular tranquilo casi a cualquier hora.
Dormimos muy bien y hoy a la mañana partimos para el parque nacional Machalilla, que está a unos 10 minutos de acá, donde hay un sendero con miradores a unas playas espectaculares. Haciendo ese sendero conocimos a dos chicas, una argentina y una suiza, así que terminamos juntos de caminar y llegamos a la playa Los Frailes, que es la única del parque en la que está permitido bañarse. El lugar es paradisíaco y tranquilo. Estuvimos horas en el agua, charlando y
tomando sol, de ahí nuestro súbito acamaronamiento "como gringos", que es un dicho que tienen acá. Finalmente nos sentimos de vacaciones luego de varios días de trastornos. Estuvimos como hasta las 5 de la tarde, y ya volvimos, porque el parque cierra a esa hora. Aquí nos tomamos unos batidos (licuados) de maracuyá y de piña y luego saldremos a cenar, para ver si Vicente puede comerse su postergado ceviche.
Mañana vamos a ir en una excursión a la Isla de La Plata, que está enfrente de Puerto López, a la que llaman "la Galápagos del pobre", porque hay algunos animalitos que también están en Galápagos (aunque obviamente no es lo mismo, pero es un premio consuelo para presupuestos bajos). La excursión dura todo el día porque hay que ir en barco y el viaje toma como una hora y media. En el mismo hostal podemos contratarla, así que esta noche ya la reservaremos. El sábado por la mañana iremos a la playa de aquí, de Puerto López, que es muy linda, y al mediodía ya partiremos para Guayaquil, ya que el avión sale a la noche.
Por suerte, las chicas que conocimos hoy nos sacaron algunas fotos y prometieron mandárnoslas por mail, ¡así por lo menos nos queda algún recuerdo!
Aparentemente las cosas ya se están normalizando por aquí, lástima que nos quede tan poquito tiempo y que por ahora no podamos subir fotos al blog.
Ayer (miércoles 27) estuvimos todo el día con el tema de los pasaportes. En el consulado estuvieron bárbaro, hasta nos recibió el cónsul en persona y nos hicieron los pasaportes provisorios en el día. No sé si ya lo dijimos, pero Guayaquil es probablemente una de las cosas más feas de Ecuador (después de los robos a cuchillo): una ciudad enorme, calurosa, húmeda, en la que es imposible entender cómo funcionan los buses, los taxistas te estafan porque nunca usan el taxímetro y, para peor, la gente que vive ahí no conoce las calles ni te sabe decir cómo llegar de un lado a otro.
Más allá de esto, impactan los contrastes, es como una especie de Pilar gigante: puro shopping, autopistas, puentes, barrios cerrados y hasta cementerios privados. La impresión se hace más fuerte al ver la pobreza de los alrededores.
Por suerte, ayer nos fuimos de Guayaquil habiendo completado el tramiterío, y nos tomamos el primer bus disponible a Puerto López, provincia de Manabí. Llegamos a eso de las 9 de la noche y fuimos directo a un hostal del que teníamos buenas referencias. Es lindísimo, con un jardín tropical exhuberante, cómodo, y además hoy nos dieron un desayuno bárbaro. La gente es muy amable (como en todo Ecuador), y parece que acá no hay problemas de seguridad y se puede circular tranquilo casi a cualquier hora.
Dormimos muy bien y hoy a la mañana partimos para el parque nacional Machalilla, que está a unos 10 minutos de acá, donde hay un sendero con miradores a unas playas espectaculares. Haciendo ese sendero conocimos a dos chicas, una argentina y una suiza, así que terminamos juntos de caminar y llegamos a la playa Los Frailes, que es la única del parque en la que está permitido bañarse. El lugar es paradisíaco y tranquilo. Estuvimos horas en el agua, charlando y
tomando sol, de ahí nuestro súbito acamaronamiento "como gringos", que es un dicho que tienen acá. Finalmente nos sentimos de vacaciones luego de varios días de trastornos. Estuvimos como hasta las 5 de la tarde, y ya volvimos, porque el parque cierra a esa hora. Aquí nos tomamos unos batidos (licuados) de maracuyá y de piña y luego saldremos a cenar, para ver si Vicente puede comerse su postergado ceviche.
Mañana vamos a ir en una excursión a la Isla de La Plata, que está enfrente de Puerto López, a la que llaman "la Galápagos del pobre", porque hay algunos animalitos que también están en Galápagos (aunque obviamente no es lo mismo, pero es un premio consuelo para presupuestos bajos). La excursión dura todo el día porque hay que ir en barco y el viaje toma como una hora y media. En el mismo hostal podemos contratarla, así que esta noche ya la reservaremos. El sábado por la mañana iremos a la playa de aquí, de Puerto López, que es muy linda, y al mediodía ya partiremos para Guayaquil, ya que el avión sale a la noche.
Por suerte, las chicas que conocimos hoy nos sacaron algunas fotos y prometieron mandárnoslas por mail, ¡así por lo menos nos queda algún recuerdo!
Aparentemente las cosas ya se están normalizando por aquí, lástima que nos quede tan poquito tiempo y que por ahora no podamos subir fotos al blog.
miércoles, 27 de abril de 2011
Ecuador 2011/3 Haciendo trámites en Guayaquil
Antes que nada, queremos agradecer a todos nuestros familiares la preocupación por nosotros, y a papá Daco los dos giros de Western Union. Por suerte las gestiones realizadas en esa empresa dieron resultado (las de ustedes, y las de la gente de Assist-Card), porque ayer fuimos con Jacinto, el marido de la chica de turismo, y pudimos cobrar el giro que estaba a su nombre, y también el que estaba a nombre mío (Vic), con sólo presentar la denuncia. Paradójicamente, el día anterior me habían rechazado la posibilidad de cobrar con ese mismo papel. Se ve que los contactos mueven el mundo.
Llegamos anoche (martes 26) a Guayaquil, después de un viaje largo desde Esmeraldas, porque
prácticamente cruzamos Ecuador de norte a sur. En realidad el país no es tan grande, y aunque las empresas de bus son buenas, la ruta es pésima, sin iluminación, sólo mano y contramano y pasa por todo pueblito de mala muerte posible. Eso demoró nuestro viaje, tardamos casi 10 horas en llegar acá. Conseguimos hotel en Guayaquil, y ahora, después de desayunar, nos vamos para la cancillería para gestionar nuestros pasaportes provisorios. Si todo sale bien, quizás nos los den pronto, o si no tendremos que ir a Manabí para descansar un poco y después volver con tiempo para buscar nuestros pasaportes.
Además de la enorme ayuda de nuestras familias, nada de lo que hicimos hubiera sido posible sin la ayuda de la señora que atendía en el hotel, y de la chica de turismo y su marido, que se pasaron con la ayuda que nos dieron. Son testigos de Jehová; eso no explica la ayuda, más bien lo que lo explica es que son, ante todo, buena gente.
Por suerte Paula, la hermana de Sofi, nos había enviado escaneados todos los documentos, eso nos sirvió por el camino, porque la gendarmería paró dos veces el micro pidiendo identificaciones, y con la denuncia y las fotocopias no tuvimos problemas. No nos había pasado antes, y a los hombres hasta nos palparon: se ve que deben estar muy alertas en la ruta que va de norte a sur, por la conexión con Colombia. Además, el gendarme miró con mucha sospecha el contenido del equipo de mate; entre que no teníamos los pasaportes y que acá en Ecuador llaman "yerba" a la droga, ¡pensé que nos iban a detener en cualquier momento! Pero por suerte no pasó a mayores.
Veremos si acá en Guayaquil nos hacen los trámites rápidos para poder aunque sea ir uno o dos días a la playa, ¡si no, vamos a volver más cansados de lo que nos fuimos!
Si podemos, hoy mismo o mañana escribiremos para contarles cómo va el trámite del pasaporte, pero ya con tener dinero en mano las cosas cambian sustancialmente, ¡así que no se preocupen!
Llegamos anoche (martes 26) a Guayaquil, después de un viaje largo desde Esmeraldas, porque
prácticamente cruzamos Ecuador de norte a sur. En realidad el país no es tan grande, y aunque las empresas de bus son buenas, la ruta es pésima, sin iluminación, sólo mano y contramano y pasa por todo pueblito de mala muerte posible. Eso demoró nuestro viaje, tardamos casi 10 horas en llegar acá. Conseguimos hotel en Guayaquil, y ahora, después de desayunar, nos vamos para la cancillería para gestionar nuestros pasaportes provisorios. Si todo sale bien, quizás nos los den pronto, o si no tendremos que ir a Manabí para descansar un poco y después volver con tiempo para buscar nuestros pasaportes.
Además de la enorme ayuda de nuestras familias, nada de lo que hicimos hubiera sido posible sin la ayuda de la señora que atendía en el hotel, y de la chica de turismo y su marido, que se pasaron con la ayuda que nos dieron. Son testigos de Jehová; eso no explica la ayuda, más bien lo que lo explica es que son, ante todo, buena gente.
Por suerte Paula, la hermana de Sofi, nos había enviado escaneados todos los documentos, eso nos sirvió por el camino, porque la gendarmería paró dos veces el micro pidiendo identificaciones, y con la denuncia y las fotocopias no tuvimos problemas. No nos había pasado antes, y a los hombres hasta nos palparon: se ve que deben estar muy alertas en la ruta que va de norte a sur, por la conexión con Colombia. Además, el gendarme miró con mucha sospecha el contenido del equipo de mate; entre que no teníamos los pasaportes y que acá en Ecuador llaman "yerba" a la droga, ¡pensé que nos iban a detener en cualquier momento! Pero por suerte no pasó a mayores.
Veremos si acá en Guayaquil nos hacen los trámites rápidos para poder aunque sea ir uno o dos días a la playa, ¡si no, vamos a volver más cansados de lo que nos fuimos!
Si podemos, hoy mismo o mañana escribiremos para contarles cómo va el trámite del pasaporte, pero ya con tener dinero en mano las cosas cambian sustancialmente, ¡así que no se preocupen!
lunes, 25 de abril de 2011
Ecuador 2011/2 ¡Nos robaron todo!
No queremos alarmarlos, pero tampoco queremos dejar de contarles. Estamos en Atacames, Esmeraldas, al norte de Ecuador. Hoy salimos a caminar por la playa, a la mañana, y como de costumbre, siempre llevamos el dinero con nosotros, porque tampoco sabemos si es seguro dejarlo en el hotel. También llevábamos los pasaportes. Resulta que cuando llegamos a una punta de la playa, ¡nos abordaron dos muchachos con un cuchillo y nos robaron todo! O sea que no tenemos ni un centavo ni pasaportes. Fuimos a la policía, que se portó re bien, nos llevaron
por todos lados a ver si los encontrábamos, pero eso es casi imposible. Así que hicimos la denuncia, ya nos pusimos en contacto con el Consulado argentino y Daniel, el papá de Vicente, le hizo un giro por U$S 280 por Western Union, que Vicente fue a cobrar a Esmeraldas (a media hora de acá). La dificultad es ver si lo puede cobrar sin pasaporte; según nos dijeron, con la denuncia del robo es suficiente.
Nos ayudó mucho la policía, la gente del hotel (tenemos esta noche pagada, por suerte) y la gente de Turismo; ahora escribo desde su computadora. También le prestaron plata a Vicente para ir hasta Esmeraldas, a cobrar el giro, y nos dejar usar el teléfono. Los de Assist Card, bastante chotos: no nos dan guita ni nos resolvieron nada que no pudiéramos hacer nosotros mismos.
Luego escribiremos de nuevo para mantenerlos al tanto. No se preocupen, porque no nos hicieron nada, fue sólo un segundo, pero bueno, ¡nos arruinaron las vacaciones!
Encima cuando queremos llamar por cobro revertido, no está habilitado ese servicio acá. En cuanto cobremos el giro nos actualizaremos el blog nuevamente.
por todos lados a ver si los encontrábamos, pero eso es casi imposible. Así que hicimos la denuncia, ya nos pusimos en contacto con el Consulado argentino y Daniel, el papá de Vicente, le hizo un giro por U$S 280 por Western Union, que Vicente fue a cobrar a Esmeraldas (a media hora de acá). La dificultad es ver si lo puede cobrar sin pasaporte; según nos dijeron, con la denuncia del robo es suficiente.
Nos ayudó mucho la policía, la gente del hotel (tenemos esta noche pagada, por suerte) y la gente de Turismo; ahora escribo desde su computadora. También le prestaron plata a Vicente para ir hasta Esmeraldas, a cobrar el giro, y nos dejar usar el teléfono. Los de Assist Card, bastante chotos: no nos dan guita ni nos resolvieron nada que no pudiéramos hacer nosotros mismos.
Luego escribiremos de nuevo para mantenerlos al tanto. No se preocupen, porque no nos hicieron nada, fue sólo un segundo, pero bueno, ¡nos arruinaron las vacaciones!
Encima cuando queremos llamar por cobro revertido, no está habilitado ese servicio acá. En cuanto cobremos el giro nos actualizaremos el blog nuevamente.
jueves, 21 de abril de 2011
Ecuador 2011/1 Llegada a Quito
Acá estamos, aclimatándonos a la altura en un cyber de Quito. En
un rato volvemos al hostal para decidir si subimos al "Teleferiqo", o si
directamente vamos para la "Mitad del Mundo".
Ayer (miércoles 20 de abril) tuvimos un traqueteo importante. El remisse tocó timbre a las 4 de la mañana en lugar de las 4:30 (como habíamos quedado). Igual ya estábamos despiertos. Llegamos rápido a Ezeiza a pesar de la lluvia, 5:30 ya estábamos haciendo el check-in y despachando las valijas.
Hicimos tiempo durmiendo como podíamos en los asientos de la zona de embarque, y a eso de las 8:00 embarcamos. El avión salió puntual, 8:30 hs. Volamos unas 5 horas y llegamos a eso de las 13:00 a Lima, aunque en la hora local eran las 11:00. Como decía nuestra sobrina Lara, el avión de LAN estaba bárbaro: tenía pantallitas individuales con películas, música y hasta jueguitos. Habíamos tomado algo en Ezeiza (un café de máquina y masitas de la panadería Los Pinos, que está a la vuelta de casa).
Igualmente no desdeñamos el desayuno/brunch muy completo que nos dieron en el avión: fruta fresca, pan, y una omelette de jamón y queso. Como Sofi no quería el suyo, tuve que hacer el esfuerzo y comerme los dos.
En Lima teníamos que hacer conexión con el vuelo a Quito, y si bien embarcamos a tiempo, el avión se atrasó en salir como una hora, "debido al tráfico aéreo", según explicó el piloto. Había una avioneta privada delante nuestro (fantaseábamos que era la de Ricky Fort), y hasta que esa no salió, no despegamos. Ahí se nos vino abajo la imagen de la empresa, porque como "almuerzo" nos dieron un sandwichito de jamón y queso y una golosina de chocolate y dulce de leche (o algo así). Sofi, que no había comido omelette, se cagó de hambre.
Llegamos a Quito sin problemas a las 15:45 (hora argentina 17:45), aunque nos recibió un clima bastante hostil, lluvia y frío. Parece que está lluvioso hace varios días, pero hoy, si bien hay nubes, está más despejado. Un taxi nos llevó al hostal que reservamos y allí nos esperaba Luigina, que es su dueña, una señora italiana re amable, que nos pasó un montón de datos de utilidad. El hostal está bárbaro, tenemos una habitación enorme con baño privado para los dos
y al lado una cocina completa a nuestra disposición, a la que ya comenzamos a darle uso. También hay a media cuadra almacencitos donde compramos cosas para comer, hay una verdulería a la vuelta, farmacia y demás negocios de utilidad.
Los precios están baratos, igual o más barato que en Argentina; en general, todo más barato que allá, y excelentes productos.
Nos quedaremos aquí hasta el domingo 24, porque el sábado queremos ir a la feria artesanal de Otavalo, que es un pueblo que queda cerca de Quito, y nos la recomendaron mucho, así que estaremos un día más aquí. Luego partiremos a la playa, en primer lugar, al norte, a Esmeraldas y luego bajaremos por la costa hasta llegar a Guayaquil, de donde sale nuestro avión de regreso.
un rato volvemos al hostal para decidir si subimos al "Teleferiqo", o si
directamente vamos para la "Mitad del Mundo".
Ayer (miércoles 20 de abril) tuvimos un traqueteo importante. El remisse tocó timbre a las 4 de la mañana en lugar de las 4:30 (como habíamos quedado). Igual ya estábamos despiertos. Llegamos rápido a Ezeiza a pesar de la lluvia, 5:30 ya estábamos haciendo el check-in y despachando las valijas.
Hicimos tiempo durmiendo como podíamos en los asientos de la zona de embarque, y a eso de las 8:00 embarcamos. El avión salió puntual, 8:30 hs. Volamos unas 5 horas y llegamos a eso de las 13:00 a Lima, aunque en la hora local eran las 11:00. Como decía nuestra sobrina Lara, el avión de LAN estaba bárbaro: tenía pantallitas individuales con películas, música y hasta jueguitos. Habíamos tomado algo en Ezeiza (un café de máquina y masitas de la panadería Los Pinos, que está a la vuelta de casa).
Igualmente no desdeñamos el desayuno/brunch muy completo que nos dieron en el avión: fruta fresca, pan, y una omelette de jamón y queso. Como Sofi no quería el suyo, tuve que hacer el esfuerzo y comerme los dos.
En Lima teníamos que hacer conexión con el vuelo a Quito, y si bien embarcamos a tiempo, el avión se atrasó en salir como una hora, "debido al tráfico aéreo", según explicó el piloto. Había una avioneta privada delante nuestro (fantaseábamos que era la de Ricky Fort), y hasta que esa no salió, no despegamos. Ahí se nos vino abajo la imagen de la empresa, porque como "almuerzo" nos dieron un sandwichito de jamón y queso y una golosina de chocolate y dulce de leche (o algo así). Sofi, que no había comido omelette, se cagó de hambre.
Llegamos a Quito sin problemas a las 15:45 (hora argentina 17:45), aunque nos recibió un clima bastante hostil, lluvia y frío. Parece que está lluvioso hace varios días, pero hoy, si bien hay nubes, está más despejado. Un taxi nos llevó al hostal que reservamos y allí nos esperaba Luigina, que es su dueña, una señora italiana re amable, que nos pasó un montón de datos de utilidad. El hostal está bárbaro, tenemos una habitación enorme con baño privado para los dos
y al lado una cocina completa a nuestra disposición, a la que ya comenzamos a darle uso. También hay a media cuadra almacencitos donde compramos cosas para comer, hay una verdulería a la vuelta, farmacia y demás negocios de utilidad.
Los precios están baratos, igual o más barato que en Argentina; en general, todo más barato que allá, y excelentes productos.
Nos quedaremos aquí hasta el domingo 24, porque el sábado queremos ir a la feria artesanal de Otavalo, que es un pueblo que queda cerca de Quito, y nos la recomendaron mucho, así que estaremos un día más aquí. Luego partiremos a la playa, en primer lugar, al norte, a Esmeraldas y luego bajaremos por la costa hasta llegar a Guayaquil, de donde sale nuestro avión de regreso.
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